Lavá a mano con agua fría y jabón neutro, sin frotar ni retorcer. Enjuagá con agua a la misma temperatura: el cambio brusco es lo que apelmaza la fibra.
Para secar: apoyala en horizontal sobre una toalla, a la sombra. Nunca colgada — el peso del agua la estira. Nada de secarropas.
Si la guardás mucho tiempo, sacala del placard cada tanto para que la fibra respire.